Filosofía ¿Para qué?

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Desde que estuve en la escuela (y un poco antes), me fleté varias veces esta serie de preguntas:

  • ¿Quién estudia Filosofía en estos días?
  • ¿De qué vas a vivir como Filósofo?
  • ¿A quién le interesa eso que dijeron los griegos?

Seguidas claro, de esta serie de sentencias:

  • De qué vas a vivir, si sólo se la pasan “filosofando”
  • Seguro terminarás dando clases en alguna preparatoria o en la Universidad.
  • No he visto a ningún filósofo que sea millonario.


Podmoderno. El principio de la Filosofía en podcast.
Uno de los primeros podcast en español de Filosofía. Idea originada en la tertulia digital con el maestro Miguel A. Torres Vera

Después de leer el artículo de Oscar de la Borbolla, pensé (de manera vaga y pesimista) en gente deambulando por los pasillos de la Universidad, en sí mismos, en el nihilismo de lo propio. En aulas donde son pocos los que realmente entran a la discusión de la clase. Y que al parecer con el paso de los semestres, aún no configuran o se adueñan del lenguaje de la Filosofía. No está en ellos (aún).

Por otra parte, recordé que la discusión con los “Otros” siempre iba más allá. Se aterrizaba el punto medular. Se creaban analogías adaptando las categorías (de la materia y del contexto a tratar) a la realidad. Brillaba y se respiraba el aprendizaje. Y ahí, renacía la Filosofía. Hay quienes salían del salón de clase y seguían envueltos en la pasión del autor. Comenzaban estos destellos (sobre el entendimiento) del mundo a través de la Filosofía y dábamos pequeños saltos para amarla y hablar a través de ella.

Pienso que eso es “filosofar” (más allá de los contextos y situaciones cotidianas) es tener claros las categorías de análisis (propias y ajenas) de la φ para crear y re-crear nuestra visión del objeto (ya sea del mundo, alguna problemática, algún deseo, etc) a estudiar.

Propiamente, “filosofar” es de-velar y des-cubrir las “fallas de la PC”.
Es criticar de manera contundente la validez o invalidez de los argumentos contrarios al pensamiento propio. No es escribir en 140 caracteres (por ser sintético y escribir en 15 mensajes una lluvia de ideas perdidas por la fuerza efímera de la red social) o transmitir panfletos desde Youtube. Es crear consciencia sobre la carencia del elementos discursivos del Otro (el Estado, Dios, EPN, etc.).
Crear consciencia a través de la Filosofía es el deber ser de todo filósofo.

El quehacer filosófico (o ¿cómo pa’ ‘ondé chingao jalo?)

Esa pregunta llegó así:

¿Y qué escuela/corriente filosófica deseo estudiar?

Debido a la amplitud de la φ, se tiene que delimitar el conocimiento.

La Filosofía (como las demás carreras) tienen ramas muy interesantes.
En mi Alma Mater existen 5 áreas de estudio (por si andaban con el pendiente).

Por supuesto, se debe tener el cognos básico para entender qué es una falacia, conocerte algunos presocráticos, la tríada griega (Sócrates, Platón y Aris de apellido tóteles), la de Hegel (tesis, antítesis y síntesis), algunos referentes de locuciones en latín y otros (et al, pa’ que se sientan en confianza, pues).

No hay que tragarse el cuento de que de la Filosofía no se puede vivir.
Eso me quisieron hacer creer. Por que pensar, re-pensar y re-flexionar es un problema para quien desea verte cegado. Para quién vive de la falta de conocimiento del Otro, quien se alimenta de que estés en la “Matrix” (o en la Cueva, la Isla o cualquier paraíso de distracción para la mente, según tu gusto).

  • ¿Cómo se genera el conocimiento?
  • ¿Qué es la ganancia absoluta?
  • ¿Por qué el hombre es dueño de la fuerza de trabajo?
  • ¿Por qué Abraham es el ejemplo claro de la fe ciega?
  • ¿Cómo puedo entender el sincretismo en AL?
  • ¿Qué es Dios?
  • ¿Qué es el ser humano?
  • ¿Quién soy?

Parece que son preguntas con respuesta sin aparente fin. Sin embargo, la Filosofía ha sido motor central para darnos una luz a eso que quizá a veces, parecen ser una vorágine de elementos que no van de la mano. Me refugio en Campbell, Koiré, Bachelard y otros que nos explicar sobre la fascinación del mundo a partir de la Filosofía pasando por la Lingüística, Psicología, Antropología y demás, ligados de manera directa a la Madre de todas las Ciencias.

Quizá falta (y mucha) esta re-flexión sobre el uso de la Filosofía.
No sólo como esta acumulación de “cognos” y parecer diccionarios andantes.
Siempre (pienso) aplicamos la Filosofía de manera indirecta. En los refranes ó frases populares. En los consejos de los sabios (o cómo dirían en el pueblo de mi padre: de los que saben).
Está en las historias de los Otros.
Está en la experiencia de vida.
Es sólo entender la re-flexión con la ayuda de la φ

Cerraré mi anotación con una experiencia que me pasó con un familiar en la carretera.

Cierto año donde el discurso de cierto presidente fue “declarar la guerra al narcotráfico” (por que constitucionalmente sólo podía hacerlo con ese verbo, para el uso de las fuerzas armadas), me detuvo un retén de militares y policías federales.

El oficial nos pidió bajarnos del vehículo.
Accedimos.
Nos pidió nuestros nombres y razón por la cual viajábamos.
Dimos nuestros nombres y no la segunda razón. Le explique que eso era prácticamente una intromisión a mi vida privada.
Algo enojado por mi respuesta (y la verdad por quererme hacer ver mi suerte [o sea, por joder]) me pidió abrir la cajuela del carro. Tomé una actitud más amable y abrí el cofre.

Se dirigió a mi copiloto y le preguntó:

- ¿Es familiar del joven? -
- Si. Así es – respondió sin titubear.
- ¿Y a qué se dedica el muchacho? – mirándome de pies a cabeza.
- Estudia Filosofía – respondió mi acompañante -

De manera mucho más burlona y muy macho, se dirigió a mí. Levantó la voz para que todos los oyeran y preguntó:

- ¿Estudias Filosofía? ¿Y eso para qué?

Tomé quizá tres segundos. Le devolví la mirada y contesté:
- Sirve para pensar. Para no usar uniforme y obedecer órdenes. Para andar libre por el mundo.

No supo qué hacer. Se quedó callado dos segundos. Sintió la mirada de todos. Se avergonzó.
Sólo me preguntó por impulso:

- ¿Y el señor, qué es de usted? -
- Es mi pareja ¿Algún problema con ello? – respondí muy seguro.
- ¡No! ¡Ya váyase! ¡No cause problemas!-

Me devolvió mi licencia y emprendí mi regreso a casa.

Al parecer, se ofendió por lo primero. No importó lo segundo.
Igual y hubiese dicho que era el chef de mi familia.

Pd.

  • Gracias al maestro Oscar por darme el ánimo par escribir. En serio, espero que podamos coincidir pronto (por aquí o en cualquier espacio)
  • Al maestro Miguel A. Torres Vera, quien siempre funde su amistad en reflexiones más allá de lo podmoderno.

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